¿Gestión real o maquillaje ambiental?
Los vertederos siguen activos pese a las promesas de transformar la realidad ambiental del país.
En 2021, el gobierno dominicano anunció la intervención de varios vertederos a cielo abierto. Esta acción forma parte de un ambicioso plan nacional de gestión de residuos sólidos. Bajo la dirección de José Leonel Cabrera, el programa ECO5RD, liderado por la Dirección General de Proyectos Estratégicos y Especiales de la Presidencia (Propeep), ha prometido transformar la realidad ambiental del país. Sin embargo, surgen dudas sobre si estas medidas realmente logran transformar la realidad ambiental del país o si simplemente maquillan un problema estructural.
Desde 2021, se han instalado chimeneas de desgasificación en vertederos como Haina, Higüey y Samaná. Estas estructuras liberan gases como metano y dióxido de carbono, generados por la descomposición de residuos orgánicos. Aunque permiten la salida controlada de gases, no los capturan ni valorizan. En países con rellenos sanitarios modernos, estos gases se aprovechan como fuente de energía. En República Dominicana, simplemente se liberan a la atmósfera, contribuyendo al cambio climático.
Entre 2022 y 2024, se construyeron lagunas de oxidación para tratar los lixiviados. Estos líquidos contaminantes se filtran de los residuos y pueden afectar gravemente el suelo y el agua. Las lagunas representan un avance frente al abandono total. Sin embargo, no garantizan una depuración completa ni cumplen con estándares internacionales. Incluso la normativa nacional, como el Reglamento Técnico Ambiental sobre Control de Descargas, establece parámetros que estas soluciones aún no alcanzan.
La Ley 225-20, promulgada en 2020, exige el cierre progresivo de vertederos y la construcción de rellenos sanitarios. A pesar de esto, actualmente el país no cuenta con ninguno plenamente operativo. Según datos del Ministerio de Medio Ambiente, más de 243 vertederos a cielo abierto siguen activos. La mayoría no tiene control técnico ni ambiental. Los residuos llegan mezclados, sin separación en origen, y menos del 10% se recicla o valoriza.
Sin infraestructura adecuada, sin educación ambiental masiva y sin voluntad política firme, el país sigue enterrando el problema bajo tierra. Las intervenciones actuales son un paso, pero no una solución definitiva. Es hora de dejar de poner parches y empezar a construir un sistema de gestión de residuos que esté a la altura de los desafíos ambientales del siglo XXI.